Quizá el Valencia salió muy condicionado por su partido de
semifinales Europa League del jueves. O acusó demasiado la baja de su
estrella, Soldado. Fuera lo que fuera, los de Emery estuvieron nefastos.
El Espanyol se adueñó pronto del encuentro: Cristian Gómez y Verdú
pusieron el 2-0 a la media hora y Álvaro sentenció en el 58.
Sin
ritmo, con transiciones lentas y ocasiones contadas e inocuas. Así
arrancó la matinal en Cornellá entre dos equipos con ambiciones
europeas. Ni Jonas ni Uche, respectivos puntas de inicio de Emery y
Pochettino, apenas recibían balones y los porteros no podían lucirse.
Pero el guión cambiaría totalmente a la media hora.
Empezó
Cristian Gómez. El centrocampista, con ficha del filial, puso el primero
para el Espanyol en el 25 con un tiro fortísimo. Llegó desde la segunda
línea del ataque y marcó a placer un pase desde la línea de fondo de
Sergio García. El delantero dejó sentado al central Ricardo Costa con un
elegante recorte. Era el momento de los blanquiazules. Dos minutos
después, Joan Verdú, muy solo y libre de marca, volvió a levantar el
estadio catalán con un espectacular disparo desde el semicírculo. Guaita
se estiró sin alcanzar un balón dirigido a la escuadra izquierda. En
media hora todo el planteamiento de Emery se había derrumbado.
El
técnico vasco necesitaba cambios. No podía reservar a nadie para el
partido de Europa League del próximo jueves si quería reaccionar. Aduriz
-que ocuparía la punta de ataque y retrasaría la posición de Jonas al
enganche- y Feghouli entraron tras la reanudación para cambiar el signo
del choque. El Valencia ganó movilidad y llegada pero el Espanyol estaba
muy inspirado. Demasiado para los intereses visitantes. Sergio García,
en el 58, fabricó otro gol. El ariete atrapó el error al controlar el
balón de Guaita y asistió a Álvaro, que tuvo la serenidad para recortar y
colocar el tiro pegado al palo. El 3-0 y la sentencia.
La imagen
del conjunto 'ché' estaba bajo mínimos y la entrada de Canales, el
último argumento de Emery, no ayudó a cambiarla. De hecho, el cántabro
protagonizó una de las jugadas más polémicas del partido tras un
encontronazo con Álvaro en el área. El Espanyol protestó con insistencia
el penalti pero el árbitro no señaló nada.
El partido estaba
roto. La agresividad de la zaga valencianista subía a medida que
avanzaba el reloj, Aduriz continuaba sin balones arriba y su medular no
imponía ni ritmo ni respeto. El Espanyol se seguía gustando y en el 80
llegó el cuarto. Pase milimétrico de Víctor Sánchez a Uche, que lanza un
preciso tiro cruzado. El 4-0.
Los últimos diez minutos fueron
una fiesta para la afición y un drama insalvable para los de Emery. Los
catalanes rompen su racha tras un mes sin ganar y se ganan el derecho a
soñar con Europa. Por su parte, los valencianos deben pasar página
rápidamente del desastre de Cornellá-El Prat para su importante cita del
jueves.

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